
Los diferentes métodos para construir el conocimiento dan lugar a los distintos tipos de conocimiento. Se pueden distinguir tres tipos esenciales de conocimiento:
científico, artístico y revelado.
El conocimiento científico exige tres principios fundamentales:
1.
Objetividad: el observador no debe (o intentará evitar en lo posible) alterar el fenómeno estudiado.
2.
Inteligibilidad: el fenómeno estudiado debe poder ser representado de una forma más reducida (todo lo comprensible debe ser compresible). El azar sería una noción de la incompresibilidad.
3.
Dialéctica experimental: el conocimiento científico es puesto a prueba por los experimentos. Si un conocimiento no soporta las pruebas es rechazado y reemplazado por otro que sí las soporte.
El
conocimiento científico es, por tanto, provisional, cuando nos encontramos ante un fenómeno de gran complejidad que somos incapaces de descomponer o ante el cual no sabemos establecer una relación causa-efecto, entonces podemos recurrir a los otros dos tipos de conocimiento.
El
conocimiento artístico se apoya en el principio de comunicabilidad de complejidades initeligibles (teniendo en cuenta el significado atribuido a la palabra inteliglible). Por otro lado no necesariamente cumple el criterio de objetividad (aunque puede hacerlo). Además, el conocimiento artístico no necesariamente cambia.
El
conocimiento revelado procede de un Sujeto para el que todo fenómeno es inteligible. Habría dos versiones de este tipo de conocimiento, una fuerte y otra débil. En la fuerte el sujeto que revela el conocimiento sería Dios, en la débil, la conciencia de uno mismo. No podemos decir nada acerca de la objetividad del conocimiento revelado, aunque si procede de un Dios podríamos presumir que es un conocimiento objetivo. Y por último, nótese que el conocimiento revelado necesariamente no cambia.
Comentario
Podemos hablar también del acuerdo o desacuerdo que hay entre dos ideas, como ocurre en matemáticas, donde podemos determinar la relación o ausencia de relación entre las ideas.
También podemos interpretar el "acuerdo" como coexistencia de una idea con otras, como ocurre cuando nos referimos a una sustancia particular, y estamos seguros de que una característica de esa sustancia (que es una idea compleja) acompaña siempre a los demás características con las que forma la idea compleja de tal sustancia.
Por último se refiere al acuerdo o desacuerdo de la idea de algo con la existencia real de ese algo, con lo que parece aceptar la posibilidad de conocer la relación no sólo entre ideas, sino también entre las ideas y las cosas (lo que exigiría del entendimiento poder ir más allá de los contenidos mentales suministrados por la experiencia, proposición que contradice sus propios principios empiristas).